Obvio.
Lo oyes cuando alguien quiere zanjar una discusión.
Lo lees cuando alguien pretende que te sientas torpe por no verlo.
Es el punto final que se coloca a una conversación que apenas estaba empezando.
Pero «es obvio» no describe la realidad.
Describe una ceguera voluntaria.
No es una ventana abierta a la verdad. Es una persiana que se baja para no tener que explicar lo que hay detrás.
Del latín obvius: ob (delante) + via (camino). Lo que sale al encuentro en el camino. Un obstáculo, no una conclusión.
La próxima vez que alguien te diga «es obvio», no te está informando de nada.
Te está desarmando.
«No me obligues a justificar lo que digo, porque no sé cómo hacerlo.»
¿Es obvio porque es verdad… o porque te conviene que nadie lo cuestione?
— El equipo de Zascrito